lunes, 9 de noviembre de 2009

Pilar Bamba - Triste

Se acabó. Nos hemos convertido en muñecas, para qué ser mujeres fatales, mujeres duras, trabajadoras, amantes, hogareñas, madres, para qué? Somos muñecas del destino. Somos peponas pintadas que queremos ser amadas, queremos tener un dueño que nos mime y nos abrace.

El destino nos ha transformado. Cuando volvamos a creer en la vida real, de nuevo como Pinocho, volveremos a este mundo, pero realmente ¿queremos?

domingo, 8 de noviembre de 2009

pequeña respuesta

Está, la libertad y el ser. ¿Cuándo encontramos una respuesta? ¿Tiene que ver con exigir? ¿Está en una burbuja, tiene que ver? Una suerte de espera, más bien, diría yo. Más que saber qué queremos como una posible idea de algo. Es que además ¿qué es algo? Una paja intelectualoide. No discuto lo hermoso, lo gustoso, lo espeso que termina por ser. Pero ¿qué necesidad? ¿Acaso la felicidad en tanto momento es comparable con el hambre o con el sueño? Si no sabemos qué es "algo", ¿podemos saber con qué puede ser comparable? Y además, ¿se puede ligar la felicidad a la condición de existencia? Y además, ¿qué es la existencia? Justamente por eso, porque es una pregunta.

Nada más, nada más.
Simples dudas que su escrito me generó.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Estación Pringles.

Los entes itinerantes se materializan en la abstracción de un soñado y esperado viaje. No hay fuga que supere la cotidianeidad de lo inalcanzable. El espacio se va cerrando para alguns, pero nosotrs creemos que cada vez más abierto está. Desde aquel día en que nadie preguntaba nada, en que nadie atinaba a vomitar una palabra ante una presencia supuestamente abrumadora. De ahí en adelante los cuerpos personificados se materializaron, alguien quizo ponerles rótulo, ellos se negaron.


Al grito de ¡Vamos a la Estación! el panorama se convierte en eso: la pampa es abierta y si se cierra no nos importa, la vamos a abrir.


sábado, 10 de octubre de 2009

domingo, 4 de octubre de 2009

Breve experimento con la espera

Esta es la espera.
Todo gira en torno a ella.
Este circo empantanado
tiene ese gran juego.
La espera.

Es esa lanza que
junto a nuestros cuerpos
se pega.

En cada momento nos encontramos esperando, en cada espacio.
Y esos espacios son creados.

Tenemos la imagen de alguien esperando el tren.
Lee un papel.
Se sienta.
Saca una basurita de su sweater.
Mira hacia arriba.
Contempla
la nada.
O alguien en una habitación vacía esperando que pasen las horas.
De pronto empieza a dejar de hacer todo lo que hacía.
No va a trabajar.
No va a estudiar.
No se sienta a leer.
No limpia su casa.
No come.
No se baña.
No duerme.
¿Esas personas se mueren?
¿Y si no se mueren, esperan?
¿Entonces qué pasa?
¿No se tratará de eso
eso que decimos vida?
Mientras esperamos hacemos
todo aquello.

Mucho tiene que ver la espera
en nuestras cotidianeidades.
Mientras esperamos dormimos.
Mientras dormimos esperamos.
La dulce espera.
¡¿Esperás la carroza?!
Espere un segundo por favor.

Y lo peor de todo es que nadie puede contarnos si la espera termina alguna vez o no.
Si alguien se muere cómo sabemos si terminó de esperar.
Tal vez la espera no termine.
Eso es.
Lo más terrible de soportar.
El sopor de la espera.
Ese sedante que tiene.
Esa amargura de peros.
Esa amargura de excusa.

En este lugar espero, me siento a través del viento.
En este encuentro masivo de almas, la música se deja
llevar
por el viento.
No le importan demasiado sus cosas.
ni sus notas.
se deja llevar
hasta el final.

Sin importar, como un barquito
vas.
A la deriva, como dijo Horacio,
mientras yo pienso en él.
Y sin poder sacarlo de mi mente empiezo
a imaginar
te.
Vas a la deriva de las costas que te puedan sostener.
Hundiéndoteenlagua,enelmar,sinpensar,sinhablar.

entendiendo
te.